Guardamar muestra al visitante todas las civilizaciones y culturas que han pasado por ella y que recoge de forma didáctica e interactiva el Museo Arqueológico, Etnológico y Paleontológico Municipal situado en Casa de Cultura.

Los primeros vestigios se remontan al Paleolítico Superior, pero las verdaderas joyas halladas en Guardamar, nos remontan al siglo VIII a. C. con el descubrimiento en el verano de 1996 en el Parque Alfonso XIII de toda una ciudad fenicia, conservada en perfecto estado por las dunas que la mantenían sepultada, y que es testimonio de las primeras civilizaciones asentadas en el Bajo Segura. Cuatro siglos después, y con el hallazgo en la zona de Cabezo Lucerero en 1987 de una necrópolis ibérica y busto conocido como Dama de Guardamar, de similares características como la Dama de Elche, Guardamar presencia el desarrollo de la cultura ibérica.Existen también fuertes evidencias de la cultura griega y romana sin olvidar la posterior colonización de la zona por los musulmanes plasmada en la Rábita Califal, monasterio del siglo X d.C. y que fue descubierta bajo las dunas del Parque Alfonso XIII.
Con la llegada de los cristianos a mediados del siglo XIII, Guardamar testimonia su presencia por el fuerte amurrallado, conocido por Castell de Guardamar, que servía como una plaza fuerte para la defensa de la Gobernación de Orihuela, hasta que fue totalmente destruida y abandonada como consequencia de los terremostos de 1829.
Otra visita obligada es el Molino de San Antonio, antiguo molino harinero de origén tardomedieval, actualmente edificio neoárabe, empleado para el depósito de grano y su posterior venta, así como la Casa-Museo Ingeniero Mira, autor de la repoblación de las dunas.
En el cerro conocido como el Castell se sitúa la ciudadela amurallada que albergaba la antigua villa de Guardamar desde su fundación cristiana en el siglo XIII, hasta su destrucción por los terremotos de 1829. En su interior existía un conjunto urbano de viviendas, calles y plazas. En la parte más alta se alzaba el castillo propiamente dicho, cuyos restos nos revelan su ocupación en diferentes épocas históricas como la fenicicia, la ibérica, la romana y la musulmana califal. Desde este emplazamiento se observa una amplia panorámica de la comarca que ayuda a comprender la evolución histórica de Guardamar y de la histórica huerta de Orihuela.
Del conjunto urbano se han salvado algunos elementos de la estructura defensiva, como el Baluart de la Pòlvora y los lienzos de murallas y torreones bajomedievales.
La Rábita Califal de las Dunas de Guardamar del Segura es el único conjunto monacal islámico del período Omeya Andalusí (siglo X-XI) conservado casi en su totalidad. Esto fue posible gracias a que tras su abandono a mitad del siglo XI, producto de la guerra civil sucesoria que sufre el Califato, toda la rábita queda enterrada y a salvo de las agresiones. Así transcurrieron casi novecientos años, oculto bajo las arenas, hasta que en 1897, durante los trabajos de repoblación forestal, se encontró una lápida con inscripciones en árabe. El Ingeniero Francisco Mira i Botella, encargado de las labores de plantación de la pinada, la manda traducir y ésta nos viene a decir:
"En el nombre de Alá, el clemente, el misericordioso, no hay Dios sino Alá: Mahoma es el enviado de Alá. Se concluye esta mezquita en el mes de Almoharren el año tres y treinte y trescientos (944 de la era cristiana). Mandó construirla Ahmed, hijo de Bohul, hijo de la hija de Alwatsecbilá, el que busca la recompensa de Alá. Lo hizo con el auxilio (bajo la dirección a costa) de Mohammed, hijo de Abusalema, obra de Aben Borracha el constructor."
El hallazgo no tiene más repercusión arqueológica hasta que en 1984 se decide encontrar el edificio del que habla la lápida. De este modo y con diferentes campañas arqueológicas se consigue desenterrar las dos terceras partes del conjunto que aquí se puede visitar. La Rábita está compuesta por aproximadamente 22 celdas oratorio con su propio mirhab cada una. Esta celdas se organizan en torno a dos calles principales y su tamaño varía, así como su acabado. Destaca del conjunto la mezquita (de tamaño menor al que se construían en las ciudades durante el Califato Omeya) situada en la zona central y la hilera de celdas situadas en la zona central norte, entre las que se encuentra la celda de acogida de visitantes donde se conservan multitud de graffitis.
En este monasterio convivirían religiosos, fieles realizando el ribat y peregrinos, todos ellos atraidos por el retiro espiritual que exige el Islam a sus seguidores. Las celdas oratorio servirían de lugar de rezo, así como de lugar destinado a cubrir las necesidades cotidianas. La excavaciones han sacado a la luz multitud de objetos, unos relacionados con el rito religioso (cuentas de rosario) y otros vinculados a la vida cotidiana (candiles, marmitas, aguamaniles, jarras...)
Conocida como la Casa Forestal, está situada en pleno centro urbano, en la Plaza de la Constitución. Se muestra en su interior documentación fotográfica, mobiliario y enseres relacionados con los trabajos de la repoblación de las dunas llevada a cabo por el propio Francisco Mira. En el 2006 se ha reformado la Casa-Museo con nuevas salas expositivas, incorporando el dormitorio y el despacho del ingeniero, así como la escalera de época y la estación meteorológica. El edificio, uno de los más emblemáticos de la localidad, alberga también la Oficina de Turismo y el Centro de Recepción de Visitantes.
Casa-Museo Ingeniero Mira
Oficina de Turismo
Plaça de la Constitució, 7
03140 Guardamar del Segura
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Fecha de Construcción: Siglos XIV al XVII. En 1829 sufre daños por el terremoto. Deja de funcionar hacia 1960
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Ubicación: Al oeste del cerro del Castillo de Guardamar, sobre la margen derecha del Río Segura. En la Partida de los Frailes.
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Propietario: Pública, Ayuntamiento de Guardamar del Segura.
Las primeras referencias históricas que conocemos son de la época bajomedieval, mediados del siglo XIV, documentalmente aparece en los planos y perspectivas históricas de la Villa en el siglo XVIII. Sufre varias remodelaciones hasta 1829, en que queda seriamente dañado por los terremotos. Pertenecía desde 1919, en que se convierte en fábrica de electricidad, y sufre la reforma más importante, que le da la estructura mudéjar actual, a la Comunidad de Riegos de Levante. Sin embargo queda pronto en desuso lo que conlleva a su progresivo deterioro.
Localización: En la Partida la Rinconada, sobre el río Segura y la "Canyada dels Estanys". Cercano a la urbanización El Edén.
Cronología: Siglos VIII y VII a.C.
Descripción: Pequeño núcleo amurallado de origen fenicio, situado sobre la margen derecha del río Segura, a unos 2 kilómetros al Oeste del casco urbano de Guardamar.
Pese a su parcial destrucción por una cantera, el sistema defensivo del poblado está formado por una potente y singular muralla con bastiones en saliente y estructura interior de "casamatas", de tipología constructiva oriental.
En el interior del núcleo amurallado se documentan viviendas angulares compartimentadas, donde se desarrollaron actividades de carácter doméstico y artesanal, destacando la actividad metalúrgica.
El museo está ubicado en la Casa de Cultura. Alberga y expone una selección variada de la cultura material de la comarca del Bajo Segura. Cabe destacar los platos fenicios de la Fonteta, los ajuares ibéricos del Cabezo Lucero, con una reproducción de la Dama de Guardamar, un destacable busto ibérico hallado en este lugar, y otros conjuntos, sobre todo objetos de la época medieval, islámica y cristiana, así como una selección de elementos materiales de la vida tradicional.
La Dama de Guardamar fue descubierta el día 22 de septiembre de 1987 en el yacimiento arqueológico de Cabezo Lucero.
A poca profundidad apareció un gran trozo de un rodete de piedra, primer fragmento de un busto de dama ibérica, con indumentaria semejante a la Dama de Elche. La excavación proporcionó muchos elementos más, entre ellos un gran fragmento que comprendía el tocado, la cara y el cuello. Pero la escultura, rota de antiguo, había sido martilleada e incluso en zonas había sufrido la acción del fuego. Transportada al laboratorio del Museo Arqueológico Provincial de Alicante, el restaurador Vicente Bernabeu comenzó con el lavado e identificación de los restos hallados, así apareció un trozo con el mentón, otro con los labios, que habían sufrido una erosión en el labio inferior derecho, fragmentos del pecho y de los collares, y otros muchos trozos de piedra, pertenecientes a la pieza, pero que no encajaban entre sí ni tenían ninguna superficie labrada. La tarea de restauración fue delicada y minuciosa, prolongándose desde octubre de 1987 hasta junio de 1988, en que se culminó. La pericia del restaurador Vicente Bernabeu y su capacidad artística lograron revivir una pieza que era de dificilísima reconstrucción, y que ahora, aun con lo que le falta, muestra su belleza tal cual pudo salir de las manos del escultor que la labró hace dos mil quinientos años.